El cielo cambia continuamente de color. Incluso en los días despejados, la transición del sol por firmamento provoca no solo el paso del negro al azul sino diferentes tonalidades, sobre todo en las horas crepusculares.

Además, las nubes manifiestan muchos más cambios, no solo de unas horas a otras sino que presentan diferentes tonalidades en el mismo momento, en función de su espesor o de su altitud.

En esta entrada, respondemos a dos preguntas que nos hacéis a menudo ¿por qué el cielo es azul y las nubes son oscuras?

¿El cielo es azul?

Lógicamente, el cielo no es azul o mejor dicho, más allá del brillo de las estrellas, galaxias y nebulosas o del reflejo de su luz en los planetas y satélites, todo es oscuro, como lo vemos durante la noche.

Pero la presencia del sol durante el día hace que el firmamento se torne azul conforme nuestra estrella asciende en el cielo.

Dispersión de los rayos del sol

La luz que llega a la Tierra es el efecto de la dispersión de los rayos del Sol por las moléculas del aire.

Tanto al amanecer como al anochecer, el cielo pasa por diferentes tonos rosados, anaranjados y rojos: eso ocurre porque los rayos de luz blanca (la mezcla de todos los colores) del Sol se dispersan hacia arriba excepto los de dichos tonos.

Según asciende el Sol sobre el horizonte, nos llegan dos tipos de rayos: luz blanca, directa, y la luz azul de la dispersión de los rayos blancos en las moléculas del aire, esencialmente en las moléculas de vapor de agua de la atmósfera: cuando miramos hacia arriba vemos el cielo azul.

Longitud de onda

Lo que ocurre es que la luz se abre o dispersa en un abanico de colores por refracción al atravesar las partículas de vapor de agua presentes en la atmósfera, siendo  la desviación máxima para los rayos de longitud de onda corta (violeta y azul), y mínima para los de longitud de onda larga (amarillos y rojos), que casi no son desviados.

Los rayos violetas y azules, una vez desviados, chocan con otras partículas de aire y nuevamente varían su trayectoria  y cuando llegan a nuestros ojos, no parecen venir directamente del Sol, sino que nos llegan de todas las regiones del cielo.

De ahí que el cielo nos parezca azul, mientras el Sol aparece de color amarillo, pues los rayos amarillos y rojos son poco desviados y van casi directamente en línea recta desde el Sol hasta nuestros ojos.

Las nubes del blanco al negro, pasando por los colores crepusculares

Como sabemos, las nubes también pueden presentar distintos colores dependiendo de cómo les llegue la luz del sol aunque en la mayoría de los casos se aprecia el color blanco.

En su día os contamos que una nube está formada por millones y millones de minúsculas gotas de agua pero son tan pequeñas que pueden permanecer flotando en el cielo.

Cuando la luz del sol llega a cada una de estas partículas, que podemos considerar esféricas y transparentes, sufre desviaciones hacia todas direcciones de forma que la misma cantidad de luz solar que llega a la nube, sale rebotada. Como la luz del sol es blanca, el resultado será que la nube también será blanca.

Bases oscuras

Pero ¿por qué aparecen oscuras las bases de algunas nubes? La solución es evidente: las nubes se observan oscuras solo desde la superficie de la tierra, desde debajo de ellas, mientras que desde encima de ellas, se ven blancas.

Lo que ocurre es que cuando una nube tiene un gran desarrollo vertical, la misma nube se hace sombra a sí misma y la luz del sol es incapaz de llegar a la parte inferior de la nube si tiene una gran densidad de partículas.

Es decir, no se oscurece por su contenido, sino porque no le llega la luz.

Otro tema sería describir qué ocurre cuando las nubes adoptar colores rojos, amarillos o rosados, aspecto que analizaremos en una próxima entrada.